MI MEJOR AMIGA, MARTA
Marta y yo somos muy buenas amigas desde hace tiempo y compartimos muchas experiencias juntas.
Lo típico, pizzas para cenar, cocacola, palomitas y que no falten las películas de miedo. En teoría íbamos a ser ocho, pero poco a poco mientras se iba acercando el domingo, nos iban diciendo que no podían, así que, al final quedamos ella y yo.
Mientras cenábamos aquellas deliciosas pizzas íbamos viendo una de las películas que alquilamos en el videoclub de debajo de casa, pero nos dimos cuenta de que no daba mucho miedo… Salimos al balcón para ver cuanto ambiente había por la calle. Ni un alma. Nos extraño mucho, pues ella vive enfrente de una plaza donde hay muchos restaurantes abarrotados de gente, pero esta vez no.
Su madre y su novio se iban a cenar y nos advirtieron que llegarían tarde. Menuda cosa nos dijeron. Teníamos pensado , que en cuanto se fueran, bajaríamos un rato a la calle para salir un poco, pero de repente, del piso de arriba sonó como si se cayeran una bolsa de canicas. Ella para tranquilizarme dijo que serían los del bloque de al lado, pero yo sé que no fue eso. Pasaron 5 minutos y volvió a sonar el mismo ruidito de las canicas. Bajamos al piso de abajo , donde vivía su abuela, para comprobar si estaba en su casa o en el piso de arriba. En definitiva, estaba en el piso de abajo. Nos preguntó que porque bajamos pero para no alarmarla le dijimos que para coger unas cosas.
Teníamos demasiado miedo, al menos yo, y estoy segura de que ella también.
Volvimos a casa y cerramos la puerta con llave, por lo que pudiera pasar, pero mientras cogíamos las llaves, escuchamos el sonido que hace un tren de vapor y esta vez estábamos seguras de que venía del piso de arriba. Sin pensárselo dos veces, Marta cogió dos linternas del cajón de debajo de la tele y me dio una a mi. Subimos las escaleras sigilosamente y con cuidado de no hacer ningún ruido. Abrimos la puerta de arriba y yo le di al interruptor de la luz pero no se encendió nada. Me pegué a ella como una lapa, tenía mucho miedo.
El piso estaba lleno de polvo y el suelo pegajoso. Me entraron ganas de vomitar, pero me las aguanté para no liar más el asunto. No sé ni cómo me atreví a subir, sentí tanto miedo que deseaba no haber ido.
Yo iba enfocando a todas partes con la linterna y mirando las fotos que habían colgadas en la pared. Marta enchufó unas cuantas velas que habían encima de unas cajas y ya se fue alumbrando un poco mas. Me fije mucho en las fotos pegadas en la pared. Tenían pinta de ser muy viejas. Ella me explicó que era su abuelo de pequeño. Murió hacía ya dos años. También salía su abuela en algunas fotos de cuando ya eran más grandes. Casi nos olvidamos de lo que habíamos subido a hacer, pero el sonido de las canicas nos lo volvió a recordar. Miramos en todas las habitaciones, abrimos todas las puertas y llegamos al final del pasillo donde nos quedaba por abrir una. La puerta estaba llena de boquetes y pintarrajeada. No tenia pomo, solo un gran agujero por donde se veía el interior de ella.
Marta miró para ver que se encontraba y cuando levantó la cabeza comenzó a llorar. Le preguntaba que pasaba pero no me contestaba. Me decidí a mirar. Estaba tan nerviosa que se me saltaban a mi también las lagrimas.
Nada mas mirar, vi a un niño pequeño lanzando sus canicas al suelo. Cuando fijé mas la vista, noté que le caían lagrimas de sangre. Se me encogió el estomago. Volví a mirar y esta vez vi a una mujer que se iba acercando hacia la puerta con cara de pocos amigos, vestida de blanco con gotas de sangre por todo el vestido.
Aparté la vista de golpe y me giré para advertirle a Marta que nos fuéramos y lo olvidáramos todo pero cuando me dí la vuelta la mujer de blanco estaba detrás de mi. Noté claramente que era ella. Marta. Me sonrió mientras que me cogía del cuello para ahogarme. Chille tanto que me quede sin voz. Ella se reía a carcajadas sin parar y cuando ya no me quedaba nada de aire me dijo :
- Espero que puedas perdonarme algún día. Tuve que hacer lo mismo con el abuelo y lo seguiré haciendo hasta que nadie vuelva a pisar este piso.
Ahora escribo esto des del cielo, y espero que llegue pronto ahí abajo. No quiero meteros miedo ni asustaros solo quiero que sepáis, que mi cuerpo sigue allí, en esa habitación encerrada y que si alguien puede llegar a conocer a Marta que suba a buscarme, que para mi ella sigue siendo mi mejor amiga.

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada